Anciano mandó matar a dos prostitutas y salió por «portarse bien»


En noviembre de 2017, el asesino obtuvo salidas transitorias por 8 horas bimestrales y en junio de 2018 se ampliaron por un período de 12 horas semanales bajo palabra de honor.


Debido al riesgo de contagio de coronavirus y su «buena conducta», un sujeto de 62 años, que fue condenado por mandar a matar a dos «trabajadoras de la calle» en Mar del Plata, fue beneficiado con prisión domiciliaria y se encuentra viviendo con su esposa.

Héctor Barroso fue condenado por mandar a matar a dos jóvenes prostitutas y debía estar preso hasta diciembre de 2029, pero por ser hipertenso y encontrarse en tratamiento, recibió el «beneficio» de cumplir su pena en la vivienda que posee en la ciudad «feliz». Cabe destacar, que su esposa fue la persona que firmó el acuerdo para asumir el rol de tutora y que Barroso pudiera dejar el penal de Batán.

La Justicia lo había condenado primero a 30 años de prisión y más tarde redujo la pena a 25, pero en medio de la emergencia sanitaria por la pandemia entendieron que su caso, debido a las patologías preexistentes y su legajo penitenciario positivo, estaba autorizado para recibir beneficios de libertad anticipada o prisión domiciliaria y cumplirá lo que le queda de condena controlado por medio de videollamadas, según indicó el diario La Capital.

El crimen

En 2004 le pidió a un amigo ex boxeador que asesinara a Verónica Juárez, una trabajadora sexual que con el tiempo se había transformado en su amante. Juárez desapareció y su cuerpo fue descubierto casi seis meses después en el fondo del pozo ciego de la casa del boxeador.

Para ese entonces, Barroso ya había sido detenido por el crimen de otra prostituta con la que mantenía una relación: Analía Fuschini. Con el avance de la investigación, tanto Barroso como su amigo y cómplice fueron condenados por los homicidios.

En noviembre de 2017 Barroso obtuvo salidas transitorias por 8 horas bimestrales. En junio de 2018 se ampliaron las salidas transitorias por un período de 12 horas semanales bajo palabra de honor, y un año después fue incorporado al régimen de semilibertad para realizar tareas laborales bajo la supervisión de su esposa.

 

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